La sala de cámara del Auditorio ha acogido la ceremonia institucional de entrega del título de Hijo Predilecto de Oviedo al prestigioso oftalmólogo ovetense Luis Fernández-Vega.
El acto, celebrado a la una de la tarde, ha comenzado guardando un minuto de silencio en señal de duelo por las víctimas del accidente ferroviario ocurrido horas antes. De hecho, el presentador de la ceremonia, Alfredo Vallina, ha comunicado que se había suspendido el resto de la agenda oficial municipal y que el "homenaje se mantenía por deferencia a quienes han viajado a Oviedo para acompañar al catedrático". Asimismo, se ha prescindido de la actuación de la Real Banda de Gaitas Ciudad de Oviedo.
Tras la lectura, por parte del secretario municipal, Jesús Fernández de la Puente, del acta del Pleno en el que se aprobó por unanimidad su nombramiento como Hijo Predilecto, el alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, ha destacado del homenajeado su "extraordinaria faceta profesional y su compromiso con la ciudad, a la que ha dado prestigio al ser uno de sus grandes embajadores". En opinión del regidor, "con este título te devolvemos una pequeña parte de lo que has dado a la ciudad. Tu legado perdurará para siempre".
Estas no han sido las únicas palabras de agradecimiento que ha dedicado al catedrático. Al término de la ceremonia y ante los medios de comunicación, Canteli lo ha definido como "una persona entregada a Oviedo, que tira hacia Oviedo siempre, que permanece en Oviedo. Es un gran profesor, un gran doctor, una gran persona y un gran amigo".
El presidente de la Real Academia Española (RAE), Antonio Burgos, ha sido el encargado de glosar la figura del afamado doctor, una tarea que calificó de "honroso encargo". Tras recordar cómo confió sus ojos a Luis Fernández-Vega, ha desglosado algunas de las dieciocho acepciones de la palabra ojo recogidas en el diccionario de la RAE y su diversidad léxica: "Es fantástica la variedad de casos y, entre ellas, las hay tan divertidas como ojo alerta, ojo avizor, ojo de besugo, ojo de buey, ojo de cangrejo, ojo de gato, dichosos los ojos, mal de ojo, cuatro ojos… Un órgano que es testigo de la realidad, signo de la verdad y del carácter, atributo de la belleza, espejo de las seducciones, arma del deseo y puerta de entrada de la visión".
El glosador también ha recordado los "Proverbios y cantares" de Antonio Machado, en concreto, el que afirma que "el ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve". Sobre Fernández-Vega, ha recorrido con certeras palabras su trayectoria vital y destacado la capacidad del Instituto para atraer visitantes a Asturias, creando así el denominado "turismo oftalmológico".
Ha llegado el turno del catedrático, quien ha calificado el título como "una responsabilidad nueva; la responsabilidad de estar a la altura del nombramiento que se me concede», y ha recogido la distinción con "alegría, humildad y orgullo" de manos de un «gran alcalde». Lo ha hecho con el recuerdo de su padre, nombrado Hijo Predilecto en 1997, y en nombre de todos los suyos. Tras hablar de sus estudios, de viajes, medicina y generaciones, ha vuelto al lugar del que había partido: "Solamente hay una ciudad que forma parte de nuestra propia historia. Y para mí, sin duda, es Oviedo".
El prestigioso oftalmólogo, "feliz por el galardón, porque es un honor que te conceden aquellos con quienes convives y compartes dificultades e ilusiones todos los días", ha agradecido el hecho de recibir el premio de manos de este gran alcalde, Alfredo Canteli.
A su juicio, Oviedo es "ese gran mirador, el escenario de la mayor parte de las mejores cosas que he vivido, el lugar donde pasé la infancia y también donde viven algunos de mis mejores amigos, que lo son desde hace muchos años. Aquí han nacido mis hijos y mis nietos; es la ciudad en la que me enamoré y el sitio que elegí para desarrollar mi profesión y realizar algunos de mis sueños y mis mejores proyectos. Oviedo es el lugar que siempre he mirado con los mejores ojos y también a través de miles de los vuestros. Oviedo me ha protegido y casi podría decir que me ha mimado. Me ha aportado raíces y solidez. Me ancla a un territorio, a una manera de ser, a sus gentes que, aunque contenidas la mayoría de las veces, no dejan de ser cercanas. Gente con ese punto medido de ironía que Salvador de Madariaga llegó a calificar, precisamente en el Teatro Campoamor, como el pueblo más europeo de entre los pueblos de España".