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¿Por qué celebramos San valentín?

sanvalentinEn sus primeros siglos de historia, los antiguos romanos no celebraban el año nuevo en enero sino en marzo, coincidiendo con el fin de los rigores del invierno y el regreso de la primavera, con su promesa de nueva vida y fertilidad. Por esa época se efectuaban rituales destinados a propiciar la buena fortuna para el calendario que se estrenaba.

Una de las fiestas más importantes al respecto eran las lupercales, que tenían lugar cada 15 febrero. Su nombre deriva de Luperco, divinidad rural defensora de los ganados y los pastores.

Los ritos principales de esta ceremonia centrada en la purificación y la fertilidad tenían lugar en una cueva del monte Palatino de Roma, donde según la leyenda una loba amamantó a los gemelos fundadores de la ciudad, Rómulo y Remo. Los lupercos (sacerdotes) sacrificaban un perro y dos machos cabríos, untaban a dos jóvenes con su sangre y los limpiaban con leche. Los dos elegidos usaban la piel de los animales sacrificados para fabricar unos látigos llamados “februa” (palabra latina que significa “purificación” y posible origen de nuestro mes de febrero) y salían semidesnudos a repartir azotes por los alrededores del Palatino. Las mujeres buscaban ser tocadas por sus golpes, pues consideraban que así lograrían ser fértiles o tener un embarazo provechoso.  

Por lo general las lupercales derivaban en caos y desórdenes de todo tipo, muy alejados de lo que hoy entendemos por Día de los Enamorados. Por esta razón, una vez cristianizado el imperio romano, el papa Gelasio I prohibió su celebración a finales del siglo V y las reemplazó por un santo cuya fiesta se conmemoraba exactamente un día antes : San Valentín.

Pero ¿Qué Valentín? ya que en ese entonces se veneraba a varios santos con ese nombre, aunque los candidatos con más fuerza eran dos mártires fallecidos a finales del siglo tercero de nuestra era.

El primero fue un sacerdote romano ejecutado por el emperador romano Claudio II hacia el año 273 y el otro fue el primer obispo de la ciudad de Interamna (actual Terni, en el centro de Italia), muerto por martirio unos años más tarde, durante el reinado de Aureliano, sucesor de Claudio.

Estos eran básicamente los únicos datos disponibles de los dos santos. Con el tiempo ambos acabaron fundidos en una sola figura, a la que los siglos siguientes adornaron con numerosas leyendas que consolidaron su relación con el futuro Día de los Enamorados.  

Una de las historias más populares decía que el emperador Claudio II había prohibido casarse a los militares activos con la excusa de que éstos rendían mejor en el campo de batalla si permanecían solteros. Valentín desobedeció la orden imperial al casar en secreto a soldados paganos con jóvenes cristianas y regalándoles una flor como recordatorio del carácter perecedero de la belleza física. Cuando el emperador se enteró de las acciones del santo, lo hizo arrestar y ejecutar.  

Otros relatos explican que Valentín curó a la hija ciega de su carcelero, logrando la conversión de éste al cristianismo. Y las leyendas ahondan aún más: el santo incluso se enamoró de la muchacha y antes de ser llevado al suplicio le dejó en su celda una carta con la dedicatoria: “De tu Valentín”. Así quedaron establecidos dos elementos asociados al 14 de febrero: la tarjeta y el termino “Valentín” para referirse a la persona amada.

Aunque el santo obispo gozó de gran popularidad en los siglos siguientes, la dudosa veracidad histórica de su vida hizo que la Iglesia lo excluyera del calendario litúrgico en 1969, aunque no prohibió su culto. Hasta el día de hoy varios templos europeos afirman poseer reliquias del patrono de los enamorados, entre ellos las iglesias de Whitefriar (Dublín), Santa Maria in Cosmedin (Roma) o san Antón (Madrid).

Pero el santuario más popular asociado a san Valentín sigue siendo el de la ciudad de la que fue obispo: Terni, donde sus supuestos restos descansan bajo el altar mayor de una basílica construida en el siglo XVII. El lugar recibe numerosas visitas anuales de parejas provenientes de todo el mundo.

San Valentín no se volvió el santo de los enamorados de la noche a la mañana. Logró dicha posición durante un largo proceso que alcanzó su cumbre en la Edad Media, cuando a juicio de ensayistas como Octavio Paz tomó forma el actual concepto de amor romántico occidental.

En las cortes europeas surgió hacia el siglo XII la idea del “amor cortés”, por la cual la persona amada se volvía objeto de una idealización y sublimación extremas a través del arte y la poesía. En determinadas épocas del año (especialmente durante de San Valentín), se hizo costumbre organizar certámenes de versos, torneos caballerescos, intercambios de regalos y “loterías del amor”: las jóvenes depositaban papeles con sus nombres en cajas para que por sorteo se les asignaran parejas en principio temporales, aunque en ocasiones se volvían permanentes.  

Algunos estudiosos aseguran que el verdadero iniciador del moderno Día de San Valentín fue uno de los padres de la literatura inglesa: Geoffrey Chaucer (1343-1400), famoso por su colección de relatos “Los cuentos de Canterbury”, llevados al cine en 1972 por el cineasta italiano Pier Paolo Pasolini.

En 1382, Chaucer escribió un extenso poema alegórico de setecientos versos titulado “El parlamento de las aves” para celebrar el primer aniversario del matrimonio de su protector, el rey Ricardo II de Inglaterra. En una parte de la obra se afirma: “Esto tuvo lugar en el Día de San Valentín / cuando todas las aves acuden allá a escoger su pareja”.

La costumbre de intercambiar cartas también fue ganando adeptos en el siglo XV. La primera carta de San Valentín conocida data de 1415 aproximadamente y se conserva en el Museo Británico. La escribió el duque francés Carlos de Orleans a su esposa de 16 años mientras estaba preso en Londres. En dicho documento se lee: “Cansado estoy del amor, mi muy gentil Valentín. Pues tú has nacido muy tarde para mí y yo he nacido muy temprano para ti”.

De este siglo (1477) es también la primera carta de San Valentín escrita en lengua inglesa, en la que una tal Margery Brewes llama “mi bienamado Valentín” a su prometido John Paston III.

El Día de San Valentín consolidó sus rasgos actuales a partir del siglo XIX en Inglaterra y Estados Unidos. La Revolución Industrial trajo consigo la masificación y abaratamiento de los procesos de impresión, así como la llegada de una poderosa clase media con poder adquisitivo.

Ambos factores propiciaron la proliferación en la Inglaterra victoriana de las modernas tarjetas de San Valentín genéricas y fabricadas en serie. La estadounidense Esther Howland (1828-1904) tuvo un papel central en la inmensa popularidad que tiene esta costumbre hasta hoy.

Hija del propietario de una librería, Howland quedó fascinada con una tarjeta de San Valentín inglesa que llegó a su manos en 1847, lo que la animó a diseñar un pequeño número de ellas y pedirle a su hermano que las incluyera en el catálogo de su próxima gira comercial por Estados Unidos. El éxito fue tal que Howland formó un taller con varias amigas y siguió difundiendo sus tarjetas por todo el país. Desde 2001 incluso existe un premio con su nombre que galardona anualmente la mejor tarjeta producida para el Día de San Valentín.  

En 1913, una empresa de postales radicada en Kansas City y hoy llamada Hallmark se convirtió en la principal fabricante de tarjetas de San Valentín de Estados Unidos, puesto que mantiene hasta nuestros días.

Aunque sean los enamorados los que principalmente celebran este día, sin embargo hoy en día también es festejada quienes comparten amistad.

Queremos que celebréis este día de San Valentín 2018, pero recordad "El amor se riega tooooooodos los días" ;)

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