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José Javier Esparza `Tercios´

terciosTercios relata con extraordinaria épica la aventura de la infantería española desde los tiempos del Gran Capitán, a principios del siglo XVI, hasta la disolución formal de los tercios dos siglos después.

La pluma de José Javier Esparza y el pincel de José Ferre Clauzel, como si ambos hubieran estado allí —quizá lo estuvieron—, nos explican cómo se construyó el mejor ejército del mundo, quiénes eran aquellos hombres —y aquellas mujeres—, cómo combatían, cómo vestían, como vivían y cómo morían, por qué y desde cuándo los tercios se llamaron así, cómo se usaban un arcabuz y una pica, por qué hacíamos la guerra en Italia, cómo peleaba la primera infantería de marina de la historia y cómo se hacía un asedio en Flandes. Una lección de historia militar que es también un fascinante paseo por dos siglos de Historia de España.

Eran los más valientes, los más duros y los más combativos. Pero si los soldados españoles dominaron los campos de batalla de Europa durante siglo y medio no fue sólo por eso. La hazaña de los tercios, la legendaria infantería española, fue ante todo una obra de inteligencia, de voluntad y de sentido ético. Inteligencia para sacar el máximo partido de los recursos técnicos de su tiempo y organizarlos de la manera más eficaz. Voluntad para adaptarse continuamente a las exigencias cambiantes del terreno, la política internacional y las tácticas del enemigo. Sentido ético para crear un espíritu de cuerpo y un código moral únicos en su tiempo e imitados después por otras naciones. Y además, sí, valentía hasta la insensatez, dureza hasta lo inconcebible y combatividad hasta el último hombre.

Esta historia está llena de gestas épicas y de hazañas asombrosas. Un Mondragón lanzándose al agua del Elba en Mühlberg para callar a los arcabuceros enemigos de la orilla opuesta, un Julián Romero manco, tuerto y cojo rindiendo fortalezas sin despeinarse, un Sancho de Londoño blasonando de no haber entregado nunca ni una almena y, además, de hacerlo derramando la menor cantidad posible de sangre española, un Lope de Figueroa marchando en primera línea como el más modesto de sus soldados o un Sancho Dávila cruzando bajo el fuego enemigo cinco kilómetros de lodazal en un canal de Flandes. Por no hablar de los grandes generales: Fernández de Córdoba cargando un infante a su grupa en Ceriñola, Alba apretando los dientes en Jemmingen, Juan de Austria sobre su galera de Lepanto o el inconmensurable Alejandro Farnesio arrojándose lanza en mano a la primera ocasión. La historia de los tercios es necesariamente una historia de héroes, incluso en las jornadas turbias de los motines o en las amarguras de las derrotas. Es la típica estampa del soldado de los tercios: coraje, combatividad. Con todo, ese indiscutible valor físico y esa avasalladora combatividad habrían servido de poco si no hubieran venido envueltos en dos cosas de la mayor importancia: inteligencia y sentido ético.

Este libro quiere incidir de manera especial en estos dos elementos, muy habitualmente olvidados cuando se habla de los tercios, y que sin embargo son, a nuestro juicio, lo que realmente marca la diferencia entre los tercios españoles y los otros ejércitos de la misma época en Europa. Inteligencia, sí, porque la creación de un método de combate específico para la infantería española, sobre todo después de la primera batalla de Seminara en 1495, es ante todo un ejercicio de racionalidad. El Gran Capitán sacó las consecuencias oportunas de una derrota, estudió a fondo el problema e introdujo innovaciones tácticas que iban a ser determinantes para las inmediatas victorias españolas cuando los tercios aún no se llamaban formalmente así. Inteligencia, también, porque todo el desarrollo posterior del poderío militar español descansa sobre una capacidad inagotable de adaptación, improvisación y, lo más importante, incorporación de la experiencia al acervo común de la milicia. La propia organización de los ejércitos de Italia en tercios concebidos como unidades administrativas, organizativas, es una innovación de primer orden. Aquel sistema permitió contar con un ejército permanente, profesional, nacional —porque el elemento español era decisivo incluso en una corona multinacional como la de los Austrias— y en continua disposición para ser movilizado. En cuanto al sentido ético, es también imprescindible para entender por qué los tercios pudieron convertirse en una referencia social para los españoles —y no solo para ellos— en su tiempo, y por qué siguen hoy despertando tan singular atracción.

La codificación implícita de los valores de honor, deber, sacrificio, etc., hizo de la infantería española un modelo. Los tercios eran un lugar donde un hombre se hacía mejor; un lugar donde un pobre podía alcanzar la gloria y en nada era inferior a un rico, donde el reloj social se ponía a cero —valga la fórmula— y todos empezaban desde el mismo punto de partida. En una sociedad tan extraordinariamente jerarquizada como la de los siglos XVI y XVII, aquello tenía mucho de revolución. ¿Y qué es lo que le hace a uno subir ahí? ¿Cuál es el criterio de jerarquía interno? Esto también es importantísimo: en la panoplia ética de los tercios entran, junto a los baremos habituales de la guerra —el valor, las victorias, etc.—, los principios morales clásicos, y lo hacen en un tono estoico que no se puede separar del humanismo típico de los Siglos de Oro. El hombre que acudía a filas no lo hacía para ser rico, sino para ser alguien, para ser señor. Y normalmente, vivo o muerto, lo conseguía. Los tercios crearon un estilo, dejaron una huella. Esas estampas de grandes cuadros de piqueros con sus morriones, bajo las banderas que ondean al viento la Cruz de San Andrés, están clavadas en la memoria colectiva de los españoles como algo que merece ser evocado con admiración. Las obras de Ferre Clauzel en este volumen dan vida a la Historia y hacen latir corazones que un día se desangraron en los campos de batalla de Italia, Alemania, Flandes o Francia. Son ese tambor que sigue sonando bajo el paso y el peso del tiempo.

 José Javier Esparza (Valencia, 1963), escritor y periodista, lleva años entregado a la tarea de reconstruir la identidad española a partir de su Historia. De ello son testimonio su exitosa trilogía La Reconquista, vendida por decenas de miles de ejemplares, La cruzada del océano, sobre el descubrimiento y conquista de América, Historia de la Yihad y Tal día como hoy. Almanaque de la Historia de España, En la misma línea abundan sus novelas históricas sobre los primeros tiempos de la Reconquista: El caballero del jabalí blanco, El reino del norte y Los demonios del mar, todas ellas publicadas en La Esfera de los Libros.

HA DICHO…

«Eran los más valientes, los más duros y los más combativos. Sin duda. Pero si los soldados españoles dominaron los campos de batalla de Europa durante siglo y medio no fue sólo por eso. La hazaña de los tercios, la legendaria infantería española, fue ante todo una obra de inteligencia, de voluntad y de sentido ético. Inteligencia para sacar el máximo partido de los recursos técnicos de su tiempo y organizarlos de la manera más eficaz. Voluntad para adaptarse continuamente a las exigencias cambiantes del terreno, la política internacional y las tácticas del enemigo. Sentido ético para crear un espíritu de cuerpo y un código moral únicos en su tiempo e imitados después por otras naciones. Y además, sí, valentía hasta la insensatez, dureza hasta lo inconcebible y combatividad hasta el último hombre. Todo el mundo sabe que fuimos los más grandes y los más valientes, claro que sí. Pero además fuimos los más inteligentes, los más listos y los que mejor supieron adaptarse a las innovaciones técnicas. Eso fue realmente la historia de los tercios. La epopeya de los tercios no es sólo las grandes gestas de valor de la mejor infantería del mundo, que lo fue, es también la historia de una inteligencia, esa inteligencia que España supo aplicar al campo de batalla y a todas las innovaciones técnicas, logísticas, económicas… en fin, de todo género. También políticas, que fueron las que construyeron el imperio. Eso es lo que se cuenta en Tercios, que es una aproximación para iniciarse en una de las historias más formidables de todos los tiempos. La que escribieron, gorrión en la cabeza y pica en mano, gente que tenía nuestras caras y llevaba nuestros nombres».

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