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Las hijas de Antonio López de Rebeca Khamlichi

LAs hijas_de_Antonio_López«Me gustaría poder decir que Las hijas de Antonio López es un ajuste de cuentas con la vida. Pero no puedo. Porque la vida nunca nos debe nada. Nunca. Por mucho que nos quite. Y por eso nunca nos lo devuelve. Lo perdido, perdido está. Solo queda mirar hacia adelante. Y proteger lo que está por llegar». Rebeca Khamlichi

Lo dice Rebeca Khamlichi, la artista madrileña conocida hasta ahora por sus coloridos lienzos de vírgenes pop, que esboza, en su primer libro como escritora, la desolada infancia de dos niñas en los años noventa, vista desde los irónicos ojos de la adulta en la que una de ellas se ha convertido. El alcoholismo, el fanatismo religioso, la violencia doméstica, el abandono y el miedo rotundo desfilan como perennes fantasmas por unas páginas en las que el terror aparece como nunca: hermosa y delicadamente ilustrado. Y en las que esa adulta evoca, vacunada de dramatismos, cómo la incomprensión la llevaba a verse como una niña-mono, «con mis orejotas, con mi largo rabito peludo, con mis ojitos vidriosos de animal asustado».

Un libro en el que la pintora de los colores demuestra que también sabe escribir en blanco y negro. Algo así como si Peter Pan lo hubiera escrito Francis Bacon.

Rebeca Khamlichi (Madrid, 1987) no es una pintora. Es una forma de pintar. En su universo conviven a codazos el diseño gráfico y la iconografía religiosa del siglo XVII; los dibujos animados y Michael Haneke; el rosa chicle y las Pinturas Negras de Goya; el Superflat y la copla: algo así como si Doña Concha Piquer se arrancara por haikus. Tiene un galgo con nombre de persona, una gata con nombre de fruta y una casa con nombre de medio de transporte. Pinta en Madrid, en una terraza con vistas a los tejados del barrio de Lavapiés. Y lo hace, dice, porque -de momento- los acrílicos se dispensan sin receta médica. Ha colaborado con la cantante Zahara para crear Semaforismos y Garabatonías, y con el periodista Nico Abad, en el cuento La ballena Azul

Entrevista a Rebeca Khamlichi, autora de Las hijas de Antonio López

¿Qué significa para ti este libro ?

Este libro ha sido algo así como la punta de la barrena de una perforadora que llega a una bolsa de gas que estaba oculta bajo la tierra. Un estallido. Una liberación. Un peligro. Supone enfrentarme a una parte de mí que tenía absolutamente oculta. Por eso me está ayudando a conocerme y a entender quién soy. Y sobre todo está sirviendo para exonerarme de pecados ajenos que asumí como propios ya que, durante mucho tiempo, me he culpado, e incluso me he avergonzado, de muchas circunstancias de mi vida en las que yo no tenía ninguna responsabilidad. Revisando ahora la historia, me he dado cuenta de que no soy culpable sino más bien una superviviente o incluso, por qué no, hasta una heroína de una guerra en la que nadie me preguntó si quería pelear.

¿Por qué ahora?

Acabo de cumplir treinta años. Y eso me ha hecho mirar hacia atrás y hacia adelante. Ha sido una barrera imaginaria significativa, una especie de puente colgante a la madurez obligada y definitiva. Esa mirada valorativa, desde una distancia que permite ver en perspectiva el paisaje de la infancia, me ha hecho darme cuenta de que había una parte de mí de la que renegaba porque me dolía. Una parte que las amistades y muchas de las personas con las que he compartido mi vida ni siquiera conocían. Ese renegar me llevó hasta a cambiar de nombre para empezar de cero. Ahora tengo la capacidad de poder enfrentarme a todo y ser valiente. También de alguna manera, sin tratar de ser ejemplo de nada, creo que quizá dentro de esta historia haya un mensaje de aliento para jóvenes que se sientan atrapados por sus circunstancias: da igual lo miserable y oscuro que sea el callejón de tu vida, siempre tiene una salida, siempre hay un momento en que puedes decidir caminar hacia el lado luminoso de la calle, decidir hacia dónde quieres llevar tus pasos, en qué quieres convertirte, saber que aunque te hayan robado tu pasado siempre puedes ser dueño de tu futuro.

¿Quién eres tú ahora? ¿Cómo te describes como artista, como pintora y como escritora?

Me resulta muy difícil definirme. Era un mono pintor y ahora soy además un mono que intenta escribir. No sabría decir mucho más. Simplemente soy yo y trabajo en las cosas que me nacen. Ahora quería compartir esta historia. Y era el momento preciso, adecuado, necesario. Mañana seguramente volveré a pintar iconograf ía religiosa porque al final solo somos eso: yo y mi bucle de obsesiones.

¿Qué son el arte y la escritura para ti?

Para mí pintar es parte de mi ortografía: es mi manera de expresar, de contar historias y de compartir algo de la mía, de escribir con colores un trozo de mi vida que termina colgada en el cuarto de estar de otra gente. Escribir está siendo lo mismo: un trozo de mí que pasará a ser parte de otras personas. Una historia que ya no será mía sino de todo aquel al que le pueda mover cualquier tipo de emoción.

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