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82 Fiesta de las Piraguas. Descenso Internacional del Sella. 4 de agosto

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Declarada de Interés Turístico Internacional, los versos de Dionisio de la Huerta señalan la salida de la prueba.

Una vez concluido el himno de las Piraguas y el de himno de Asturias, a las 12 horas del mediodía se encienden los semáforos. La luz verde del semáforo hace que unos voluntarios abran los “cepos” (estructura metálica que libera la pala en el momento que el semáforo pasa del rojo al verde) especialmente creados para este evento, que tienen como misión atrapar la pala del piragüista para que salgan todos a la vez.

Las dificultades con las que se encuentran los palistas en los 20 km. que separan Arriondas y Ribadesella son muchas.

A la gran afluencia de piraguas hay que añadirle los rápidos que tiene el río Sella, así como el cambiante nivel de sus aguas, lo que hace que en cada edición, el descenso sea diferente.

Cuando todo está preparado comienza esta gran prueba deportiva. Después de sortear todas las dificultades de la salida llegaremos al primer rápido: La Raíz. Es un rápido sencillo, que precede a los rabiones de Remolina y Ricao.

A continuación llegaremos a una zona de escasa y tranquila agua denominada “Los espigones de Triongo”. Nos encontramos ya, aproximadamente, en el kilómetro 3,5 de la prueba.

El siguiente paso, con mayor dificultad, será el rabión de Fuentes; aquí el río se estrecha formando una curva hacia la derecha, para llegar 500 metros después a la pasarela de la Estación de Fuentes. A continuación, llegamos a la zona de “El Arco” sin ninguna dificultad. Este lugar es una zona de visibilidad para el público.

Entraremos entonces en la zona de “La Abeyera”, 1200 metros de agua tranquila que dan paso al rabión del “Picu la Vieya” uno de los puntos más espectaculares del río por su paso estrecho y poco caudal.

Ya estamos en el Km 8, a la altura del Puente de Toraño, un remanso de agua  de aproximadamente 2 kilómetros.

Pasado el Puente de Toraño, nos encontramos frente al “Rabión del Diablo”, uno de los puntos más singulares del río, donde el agua coge fuerza entre las rocas. No representa ningún peligro ya que el río no es muy profundo en esta zona. Alcanzado este punto, podemos decir que estamos en la mitad de la prueba.

Después atravesamos “La Requexada”, la recta más larga de todo el descenso, uno de los puntos privilegiados para seguir las  evoluciones del Descenso Internacional, desde la carreta (N-634), y desde el tren fluvial que acompaña la prueba.

Llegamos a Llordón, un lugar de singular belleza con zona de aguas muy tranquilas que da paso a la zona denominada “La Uña”, cuya pasarela cruza el río a la altura de carretera y hace posible la visión de la carrera. De igual forma sucede en la pasarela de Cuevas, a 1,5 kilómetros de distancia.

En la antigua Presa de Santianes, volvemos a vibrar ya que el río vuelve a encontrarse con unos fuertes rápidos. Además, este punto es lugar de reunión para un gran número de personas que anima a nivel de agua a todos los piragüistas.

En el km 16, nos encontramos en Llovio, lugar en el que se ubica la meta en el puente del Ferrocarril para diferentes categorías. En las orillas del río el numeroso público anima a todos los participantes y felicita a aquellos palistas que dan finalizada la prueba.

Poco a poco vamos llegando al final. Empiezan aquí los últimos 4 kilómetros del Descenso Internacional del Sella, con la entrada en Ría de Ribadesella en la que influye el flujo de las mareas, y donde cada año su paso es diferente.

Transcurridos 3 kilómetros de ría entramos en la zona del Peñón que dará paso a  la bifurcación del agua en dos brazos, quedando en el medio “La Isla de la Boticaria”. Si en el momento de la finalización del Descenso la marea está alta, es posible pasar la Isla por la zona derecha, más próxima al núcleo urbano de Ribadesella y al ferrocarril que acompaña la prueba; por el contrario, si se encuentra en bajamar, el Comité Organizador del Descenso Internacional de Sella, indicará en el Reglamento de la prueba o mediante una nota posterior cómo debe de realizarse el paso para garantizar que todos los deportistas estén en igualdad de condiciones.

Ya estaremos en el final de la prueba, sólo nos separa de la línea de meta una última recta de 500 metros a la altura de la Cueva de Tito Bustillo para finalizar en el Puente de Ribadesella, donde el público aclama y vitorea a los ganadores del Descenso Internacional del Sella, que cada año se hace un poco más grandioso.

Para conocer el origen del Descenso Internacional del Sella, hay que remontarse al año 1929, cuando Dionisio de la Huerta, decidió hacer una excursión en piragua por el río Piloña, desde Coya hasta Infiesto, durante sus vacaciones de verano en su casa familiar en Coya. En aquella aventura le acompañaron un grupo de amigos, recorriendo durante más de dos horas el trayecto de 5 kilómetros.

Con la experiencia de aquella aventura, Dionisio trató de convencer a sus amigos Alfonso Argüelles y Manés Fernández para que le acompañaran a descender el Sella desde Arriondas, río abajo. Este primer descenso por el Sella estuvo lleno de paradas para vaciar la piragua del agua que tenía dentro y llenar el estómago con algún que otro bocadillo, mientras que un grupo de amigos seguían sus avances desde un autocar por la carretera que une Arriondas con Ribadesella. La noche se les echó encima, por lo que en Soto de Dueñas, se vieron obligados a dar por finalizado este descenso y dejarlo para otra ocasión. Habían recorrido 14 kilómetros durante 7 horas en las que disfrutaron de las aguas del Sella y del paisaje que lo rodea.

Dionisio, y las aventuras que organizaba, fue durante un tiempo tema de conversación en Infiesto. Aún sin saberlo, aquella aventura había supuesto la semilla del actual Descenso del Sella y de la Fiesta de las Piragüas. Dionisio, no conforme con la experiencia vivida, realizó en el año 1930 el trayecto completo desde Coya hasta Arriondas, y finalmente, en el año 1931, llegó hasta Ribadesella.

Fue en el año 1932 cuando quedaron ubicadas definitivamente la salida y meta del descenso en Arriondas y Ribadesella, respectivamente. En este año, tuvo lugar la primera edición de carácter competitivo, en la que tomaron salida trece palistas provenientes de Oviedo, Gijón, Ribadesella e Infiesto. Las primeras inscripciones de palistas de fuera de la comunidad llegaron en el año 1935.

Descenso del Sella estuvo durante unos años sin realizarse (entre 1936 y 1943) debido a la Guerra Civil Española y a la postguerra, reanudándose el 11 de agosto de 1944, edición en la que sólo 11 piraguas tomaron la salida.

Se puede decir que el Descenso del Sella pasó a tener carácter internacional en el año 1951, cuando por primera vez en su historia cuenta con competidores extranjeros entre los deportistas inscritos. Italianos, portugueses y franceses se encontraban entre los inscritos. Es en 1955 cuando se inscribe el primer equipo de otro continente: el equipo de Cuba.

El año 1960, marca un hito en la historia del Descenso, ya que en ese año se creó la Federación Española de Piragüismo. Se escuchaba así un requerimiento que Dionisio de la Huerta llevaba tiempo solicitando, separar definitivamente la Federación Española de Piragüismo de la de Remo, y garantizando el futuro de la Fiesta de las Piraguas.

De esa época a esta parte, el Descenso del Sella ha ido creciendo y aumentando su prestigio. Cuenta en la actualidad con una participación que supera el millar de palistas y batiendo, año a año records de participación. En la actualidad, está considerada, si no la que más, una de las pruebas más importantes del mundo en el panorama internacional de descenso de ríos.

Las medidas que se tomarán a cabo para garantizar la seguridad durante la celebración del 82º Descenso Internacional del Sella serán similares a las adoptadas en ediciones anteriores, si bien cabe destacar el protagonismo de la perspectiva de género en todas las actuaciones, en colaboración con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, las autoridades sanitarias y los Ayuntamientos. Como principal novedad, la Guardia Civil incorporará a sus medios un antidrón, un sistema experimental que persigue la preservación de la seguridad aérea y consiste en un detector de posicionamiento tanto del propio dron como de su operador.